Cuando se trata de programas de tratamientos oncológicos en la región, la mayoría de los países de América Latina se encuentra en un punto intermedio entre los dos extremos de programas para el tratamiento contra el cáncer: “moonshot” (que se refiere a la innovación) y “groundshot” (que se refiere a lo básico). Existe una atención oncológica con carencias significativas en cuanto a servicios básicos y acceso, pero también existe una atención oncológica muy avanzada a veces a pocos kilómetros de distancia el uno del otro. Mientras que los países de América Latina continúan trabajando para atender las necesidades básicas de capacidad e infraestructura, no existe ninguna buena razón por la que alguno de estos países no quiera también estar mejor preparado para aprovechar los beneficios de la oncología de precisión.
Los avances en la oncología de precisión continúan a un ritmo acelerado para ofrecer nuevas opciones a los médicos, los pacientes y los sistemas de salud con el fin de diagnosticar el cáncer con mayor precisión, personalizar el tratamiento y mejorar la gestión de la enfermedad a largo plazo. En los países con grandes recursos económicos, los avances en materia de precisión han contribuido a alargar la vida y han permitido que un mayor número de pacientes con cáncer eviten los cuidados innecesarios. Si bien el cáncer sigue siendo un problema de salud pública sumamente complejo en todas partes, los avances constantes en múltiples frentes en entornos con muchos recursos económicos han permitido aumentar las tasas de supervivencia y elevar el nivel general de lo que significa ofrecer una atención oncológica de calidad. En efecto, este éxito relativo ha dado lugar a más solicitudes de programas “moonshot” contra el cáncer en países con grandes recursos económicos, con objetivos increíblemente ambiciosos para toda la sociedad, con el fin de reducir de forma drástica el impacto del cáncer en las familias y las comunidades (Referencia: Información de referencia de la Casa Blanca, EE.UU.).
En los países que no cuentan con grandes recursos económicos, donde las tasas de incidencia, prevalencia y mortalidad del cáncer crecen más rápidamente, la historia es, por supuesto, muy diferente. Por lo general, los beneficios de la precisión están fuera de su alcance, salvo para un reducido número de entornos clínicos y académicos, principalmente urbanos, en algunos países con un nivel de ingresos medio y medio-alto. En entornos con menos recursos, la incursión de la oncología de precisión es casi nula. Es más, algunos expertos internacionales no promueven la iniciativa “moonshot” contra el cáncer en zonas de bajos recursos, sino un “groundshot” contra el cáncer que se enfoque en garantizar “lo mejor de lo básico” en lugar de preocuparse por costosas innovaciones. Desde este punto de vista, facilitar la disponibilidad de medicamentos oncológicos básicos según lo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) o ampliar la infraestructura clínica y educativa básica para la atención oncológica son prioridades esenciales en los entornos con menos recursos. (Ref.: Materiales sobre “groundshot” de ASCO 2022 – editorial y artículo).
El problema radica en que América Latina se encuentra en un punto intermedio entre el “moonshot” y el “groundshot” cuando se trata del estado actual de la atención oncológica y su política pública. En efecto, los bienes y servicios básicos para una adecuada atención oncológica son fundamentales y cualquier análisis que se haga en la región va a identificar carencias tanto en la disponibilidad como en la accesibilidad de los recursos básicos. Dichas carencias pueden ser significativas y deben abordarse. Sin embargo, muchos países de la región también han logrado desarrollar al menos determinada capacidad en oncología de precisión. Y aunque hasta ahora se ha limitado principalmente a los sistemas de salud del sector privado, hay mucho interés, entusiasmo y experiencia para llevar los beneficios de la precisión a muchos más pacientes en toda la región.
En América Latina, no se trata de un “moonshot” ni de un “groundshot”, sino probablemente de ambos al mismo tiempo, y simplemente no hay buenas razones para que los gobiernos u otras partes interesadas en la lucha contra el cáncer en América Latina no quieran ampliar eventualmente la capacidad de la oncología de precisión, dado su potencial para prolongar la vida y mejorar los resultados tal y como se ha demostrado en los países con grandes recursos económicos.




